Los transgénicos


Suscitan mucha polémica, y la verdad, no me atrevería ahora mismo a dar una opinión sobre si se deben o no utilizar, porque podría encontrar pros y contras suficientos como para que esto dejara de ser una explicación simple. Además, no es esa la intención de esta entrada, sino la de definir qué son realmente los alimentos transgénicos. Como su palabra indica, tienen que ver con los genes que los componen. Como todos los seres vivos, las plantas tienen una cadena de ADN que las hace características. Pues bien, con la investigación en el campo de la genética, se ha conseguido en el ramo de la alimentación, mediante los transgénicos, mejorar la productividad. Se altera la cadena de adn, quitando o añadiendo eslavones según cada caso, con unos u otros objetivos. Existen muchas voces contrarias a esta manipulación, pero también otras a favor. Una de las virtudes que se alegan es, por ejemplo, la de modificar los genes de una planta para hacerla más resistente a las plagas que pueda sufrir durante su crecimiento. O a ciertos herbicidas, logrando entonces que durante su aplicación solo afecten a las plantas ajenas al cultivo. Por el contrario, uno de los argumentos más extendidos en contra de estos métodos, habla sobre la imposibilidad de reutilizar las nuevas semillas que puedan obtenerse, haciendo que, si bien por un lado se extinguen las especies originales, y por otro las modificadas no sean “reciclables”, finalmente desaparezcan las primeras.

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