La rana que levitaba


¿Conocéis ese experimento de la rana que levitaba? Un físico ruso llamado Andre Geim ganó el premio IGNobel (posteriormente, por el grafeno, ganó el Nobel), al demostrar como podía hacer que una rana levitase. Realmente creo que no le da mucha credibilidad al galardón este tipo de estudios, pero desde luego, fue de lo más mediático, y se volvió muy famoso.

Básicamente, conseguía hacer que una rana flotase en el aire, como si pudiera volar. La explicación no está en que la rana tenga ningún tipo de superpoder, sino en el magnetismo. Realmente, si pudiéramos crear campos magnéticos suficientemente grandes, podríamos hacer levitar casi cualquier material, incluyéndonos a nosotros mismos. ¿Cómo? La explicación está en el concepto del diamagnetismo. Se trata de una propiedad de los materiales que consiste en la repulsión que generan al estar sometidos a un campo magnético. Sería lo contrario del ferromagnetismo, que ya explicamos en este otro artículo. Pues bien, si a eso le unimos la propiedad de que las ranas tienen un más que elevado porcentaje de agua en su cuerpo, sustancia que es diamagnética, ya casi tenemos la mitad de la explicación.

Introducimos la rana en un tubo de electroimán, que generará un campo magnético muy elevado, y por la pequeña repulsión que su propio cuerpo generará con respecto al tubo, conseguiremos que se mantenga en el aire. ¿Cuanto? Eso ya variará en función del tamaño de la rana, y de lo grande que sea el campo magnético. Lo más seguro que sean unos pocos centímetros, pero si esto es así para un cuerpo tan pequeño como el del anfibio, imaginaros lo que haría falta para conseguir esta magia en una persona.

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