El proceso de galvanizado


El tratamiento de galvanizado aplicado a los materiales férreos tiene como principal objetivo la protección de éstos frente a la oxidación y la corrosión. Para ello, lo que se hace básicamente es recubrir la superficie por completo con una capa de zinc, que podrá alargar la vida de la pieza metálica hasta 30 años más, sin verse deteriorada en el tiempo como lo haría si estuviera sin ella. El aire, la intemperie, el contacto con atmósferas concretas hacen que la superficie del acero se oxide (siempre que no hablemos de acero inoxidable, lógicamente).

El proceso consta de varias fases en las que se sumerge la pieza de acero en varios baños, cada uno con una finalidad concreta. El primero de ellos será un desengrasante, que eliminará la suciedad y las grasas o aceites que pueda haber en la superficie. A continuación se aplicará un decapado, que consiste en una sustancia que eliminará los restos de óxidos y calaminas (mineral del grupo de los silicatos) que puedan existir. Luego llega el fluxado: lo que hace esta etapa con la ayuda de una solución de sales, es continuar eliminando impurezas, pero además mejorar la adherencia futura del zinc. En otras palabras, mejorar la mojabilidad. Finalmente, se aplica el galvanizado, que será la inmersión de la pieza en un baño de zinc líquido a unos 450 grados. Debido a una serie de reacciones químicas, en la superficie del material se produciran una serie de capas que protejeran del exterior el acero.

Para terminar, se pasarán las piezas galvanizadas por un control de calidad en el que se asegurará que el espesor del galvanizado es el correcto, además de examinar que no hayan quedado partes sin haber llegado a cubrirse con el tratamiento.

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