La flora intestinal


Nuestro cerebro controla nuestro cuerpo. El corazón hace de motor. Prácticamente todo el sistema nos pertenece. Pero repito, prácticamente. Porque aunque parezca increible, en ciertas partes del mismo viven otros organismos, que si bien no forman parte “nativa” del cuerpo, si que nos ayudan. Utilizando el término más negativo, podríamos denominarlos parásitos. Pero no tienen porqué influir con maldad sobre nosotros. De hecho, el caso de los que hablaremos hoy, es todo lo contrario: nos ayudan, y sin ellos, tendríamos algún que otro problema.

Se trata de bacterias que crecen en nuestro interior. Otras formas de vida con cuya existencia nuestro proceso digestivo se hace más llevadero. Hablamos de la flora intestianal. Es un nombre un poco extraño, incluso hay quien dice que equivocado. Se encuentran alojadas en el interior de nuestro intestino, y nos ayudan a digerir mejor ciertos alimentos. Cuando los mismos llegan hasta donde estos bichitos se encuentran, conseguirán que nuestro sistema absorba mejor determinados nutrientes, además de sintetizar vitaminas como la K. En el proceso generarán gases que son los que dan el “mal olor” a las heces que expulsaremos por el ano. No todo iba a ser de color de rosa.

Su existencia se autoregula sin que nos tengamos que preocupar de ello, aunque sí es cierto que el uso de antibióticos, por definición, puede hacer que se reduzca la población (recordar que estamos hablando de un tipo de bacteria). Por el contrario, para ayudar a su crecimiento de un modo más artificial, podemos aumentar el consumo de alimentos como verduras, vinagre de sidra, proteinas magras o aceite de pescado.

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