La sangre artificial


La sangre artificial se produce no como sustituto de la sangre natural, sino como sustituto de una de las funciones de la misma: transportar el oxígeno y el dióxido de carbono por todo el cuerpo. En otras palabras, realiza el trabajo de los glóbulos rojos. Puede ser de varios tipos, en función de como haya sido producida. La primera vez que se hizo fue en el siglo XVII, y hasta la fecha actual, se continua buscando un resultado cada vez más perfecto, un mejor sustitutivo.sangre

La sangre es una especie de tejido compuesto de glóbulos blancos, rojos, plaquetas y plasma. Este último es un material extracelular hecho de agua, sales y varios tipos de proteinas. Gracias a él, junto a las plaquetas, las heridas cierra por la coagulación. Las proteinas reaccionan con el aire, y se endurecen, evitando el sangrado continuo. Las células blancas, son las responsables del sistema de defensa inmunitario. Buscan organismos ajenos al cuerpo humano, lo invaden, y minimizan sus efectos intrusivos. Las células rojas son las que dan el color rojo a la sangre. Un par de gotas de la misma, contienen unos dos billones de estos glóbulos. Como explicamos antes, se ocupan de transportar el oxígeno y el dióxido de carbono, pero también son las responsables de clasificar la sangre según varios tipos. Por este motivo, una persona solo puede utilizar una sangre compatible con su tipo. En la actualidad, la sangre artificial tiene como única finalidad la función del transporte de oxígeno. Por ello es quizá esa definición de “sangre artificial”, en cierto modo, errónea.

Las características ideales que debe cumplir este sustitutivo, son varias. En primer lugar, debe ser seguro con cualquier tipo de sangre natural. No debe existir el problema de la compatibilidad. Una de las funciones de su uso es la de eliminar agentes causantes de diferentes enfermedades en al sangre, como virus y microorganismos. Por otro lado, tiene que cumplir su función como “transportista” del oxígeno, así como depositarlo donde sea necesario. También debe tener estabilidad propia. Al contrario que la sangre natural donada, y guardada en bancos de almacenamiento, que puede tener una caducidad limitada (hasta un mes, aproximadamente), de la artificial se espera que aguante un año o más.

 

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